25 sept. 2016

Paris #2: La Torre Eiffel, las ferraris y los anillos


En mi segundo día en París visitamos el barrio Montmartre, la Basílica del Sacré Cœur, la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo y caminamos por la famosa avenida Champs-Élysées. En este post van a encontrar muchas anécdotas e información.




El segundo día en París teníamos en claro que lo íbamos a dedicar a ver las principales atracciones turísticas de la ciudad. Nos armamos una mochila con una vianda (sanguchitos, siempre lo mismo) y bien temprano nos fuimos a caminar al barrio Montmartre.


Quedé enamorada de ese barrio, sus calles y sus artistas callejeros. Es muy pintoresco y uno no puede dejar de sacar fotos a todas las esquinas. Nos dirigimos a la Basícila Sacré Cœur, que de ahora en más le vamos a decir Sagrado Corazón porque no aprendo a escribirlo en francés. Hay dos opciones, se puede subir por unas larguísimas escaleras (los que estén en forma no van a tener problema en hacerlo), o se pueden pagar unos poquitos euros y subir por el funicular. ¿Adivinan cuál de las dos opciones elegí?


¡Claro que no!

¡Claro que sí!


Una vez arriba, la vista se deja sin aliento. La Basílica es imponente, tan blanca y contrastante con el cielo azul que nos regaló París ese día. A pesar de la cantidad de gente, ingresamos a la Basílica y nos quedamos un rato largo admirándola. 





De un lado la Basílica y del otro una vista increíble de París. Para hacer aun más poética la escena, un señor nos regalaba canciones que tocaba con su arpa a cambio de unas pocas monedas. Son esos momentos mágicos de los viajes que sabes que te van a quedar grabados en la mente para siempre.



Seguimos caminando un rato más, ya que Fernando (para los que todavía no lo conocen, es mi señor novio) quería comprarse un reloj. Entró a mas de diez locales hasta que encontró uno que le gustaba. Yo lo esperaba en la puerta, mientras sacaba fotos. Ahí me encontré con un francés libidinoso, que me pedía mi celular. Me estuvo hablando un rato (yo, obviamente sin entenderle nada), hasta que le dije "Boyfriend" señalando adentro del local, y desistió. Fernando nunca se enteró de nada. 

Habíamos sacado a través de la página oficial de la Torre Eiffel, tickets para subir al monumento más famoso de la ciudad. Quiero hacer incapié en esto. En lo posible, saquen las entradas con anticipación por la página web, ya que sino hay filas de más de 3 horas para poder subir. Nosotros tardamos menos de 10 minutos.









Imponente y mucho más grande de lo que yo imaginaba (that's what she said), la Torre Eiffel me confirmó que no era todo un sueño, que realmente estaba en la ciudad de la luz. Habíamos llegado una hora antes del horario que teníamos reservado en los tickets, así que como buenos turistas que somos, nos sacamos miles de fotos con la torre, en miles de ángulos diferentes.

Con los pies destruidos de tanto caminar, me senté en una banca mientras Fer daba vueltas por el lugar. Él todavía no sabía que estaba por cumplir un sueño.

Volvió todo emocionado para contarme que a una cuadra estaban alquilando ferraris. Para muchos de nosotros, las ferraris son autos lindos y nada mas. Pero el es fanático de los autos y la posibilidad de manejar uno le volaba la cabeza. "Es el equivalente a que a vos te dejen por 20 minutos agarrar todos los maquillajes que quieras, gratis en Sephora". Ahí lo entendí. 

El problema era el precio. "Noventa Euros es mucha plata", me dijo. Y ahí le hice un discurso del significado del dinero y de cumplir sueños (pueden leer con más detalle en este post que hice hace un tiempo). Y como verán en las fotos, lo convencí. Que cosa que uno a veces sueña con hacer algo, y cuando ese algo se está por volver realidad se nos vienen todos los miedos juntos. En fin, como verán en las fotos, lo convencí.




Lo bueno de haber estado en la ferrari, es que pude sacar algunas fotos lindas y recorrer algunas calles que de otra forma no hubiera podido. 




Una vez que terminamos el recorrido en el auto de lujo, subimos a la torre con nuestro ticket y agradecimos haberlo sacado con anticipación. Subimos en ascensor, primero hasta la mitad y después hasta arriba de todo. Y una vez que llegamos a la cima de la torre, Fernando sacó de sorpresa una cajita con anillos y nos comprometimos. Muy cliché, muy romántico.









Para concluir el segundo día de nuestra estadía en París, nos fuimos a dar una larga caminata por la avenida Champs-Élysées, donde nos maravillamos con los locales de marcas carísimas, las vidrieras llamativas y el aire parisino. Entré por primera vez en mi viaje a un Sephora donde hice algunas compras que ya deben haber visto en otros post. Se puede decir que, el segundo día en Paris, fue mi favorito sin dudas.

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