5 nov. 2016

Paris #3: La vez que lloré en Versalles



Viajar siempre fue mi sueño y hace pocos años que pude empezar a ahorrar para poder hacerlo. Cumplir sueños siempre es un motivo de alegría, pero para los que sufrimos de ansiedad (entre otros desórdenes mentales), es una espada de doble filo.

Dos semanas antes de viajar a Europa tuve una pequeña crisis donde me pasé prácticamente todo un día llorando, tirada en la cama. Vino mi familia a mi casa, se armó todo un despliegue porque nadie sabía qué era lo que me pasaba. Y yo lo resumí en pocas palabras "falta poco para irme, pero también falta poco para volver y que se termine todo". Cuando la gente no entiende qué es tener ansiedad, siempre cuento esta pequeña historia. No podía disfrutar del hecho que ya estaba por irme, porque me preocupaba más el hecho de que el viaje se iba a terminan en algún momento.

Es por eso que una vez que estuve allá, me propuse a mi misma disfrutar al máximo. A las 7 de la mañana ya estaba levantada, maquillada y con la mochila lista para salir. En mano llevaba mi listita con todas las actividades que iba a hacer ese día, y que sí o sí teníamos que completar. Imaginen la presión para mi compañero de viaje.

Obviamente las cosas nunca salen cómo uno las planea y era obvio que en algún momento algo no iba a salir como yo quería, y que el nivel de presión y ansiedad que manejaba, en algún momento iba a terminar explotando y transformándose en llanto o en enojo, todo mezclado con un poco de frustración.

Para ir a Versalles, yo había sacado las entradas anticipadas ya que había leído en varios foros que las filas eran bastante largas. Lo hice a través de la página oficial del palacio de Versalles. 



Hay varios tipos de entrada. Yo había sacado la entrada para el palacio y sus famosos jardines, y también para poder visitar la parte del Trianon, la casa de María Antonieta, entre otras atracciones que no estaban incluidas en la entrada principal.  Todas las entradas que había sacado con anticipación para este viaje estaban acomodadas por país y fecha, todas prolijamente acomodadas en una carpeta comprada especialmente para esa función.

Con las entradas en mano, partimos para Versalles en tren, un viaje que se hizo muy ameno porque un señor francés que sabía español nos hablo durante todo el trayecto. Cuando bajamos del tren ya hacía unos 30 grados y el calor se hacía sentir. Caminamos junto a un montón de turistas que obviamente iban hacia el mismo lugar. Llegamos, y si bien hicimos una pequeña fila, la espera se pasó rápido y pudimos ingresar sin problema. El palacio estaba lleno de gente. Lo recorrimos casi todo, pero entre el calor, la muchedumbre y el poco aire que había en determinadas habitaciones, fue bastante difícil.


En esta foto pueden ver las entradas en mi mano

En un momento, Fer me dijo que fuera sacando las entradas para la parte de Maria Antonieta, ya que en los jardines se podía ver un pequeño tren que te lleva para ese lado, y que sale cada media hora aproximadamente. No tuve mejor idea que sacar las entradas y recorrer el resto de las habitaciones que nos faltaban, abanicándome con ellas en un intento en vano de no morirme de calor. Cuando llegamos a la parte de los jardines, surgió la típica conversación "Pasame las entradas", "Yo no las tengo, te las dí a vos", "no, a mi no me las diste", seguido de ese pequeño paro cardíaco que te agarra cuando pensás que perdiste algo. Las buscamos por todos lados. No estaban. Nunca supimos qué paso con ellas, pero presiento que yo las debo haber soltado en algún momento sin darme cuenta (suelen pasarme esas cosas).



En un intento de calmar la situación y sabiendo que se venía un ataque en cualquier momento, Fer fue a averiguar cuál era el precio para volver a comprarlas. Comprarlas en la boletería era bastante más caro de lo que yo las había pagado online, y sinceramente era un dinero que no queríamos gastar. Me senté en las escalinatas del palacio, mirando a los jardines. Al lado mio había una alemana con la cara roja, le había dado un golpe de calor y estaba siendo apantallada por su marido. Cruzamos miradas. Fer ofreció comprarme una ensalada de fruta. Le dije que si, y cuando se fue a comprarme me puse a llorar. Fue un llanto de tristeza, pero también fue un llanto para descargar la gran presión que me había puesto yo solita. Los alemanes me miraban sin entender mucho. Fer volvió con la ensalada de fruta y tampoco entendía, pero creo que en el fondo estaba contento que haya sido un llanto y no un enojo. Me quedé mirando con envidia a la gente que se subía al trencito. Después de descargar mi frustración y de sentir un poco de vergüenza por la cantidad de gente que me miraba llorar, decidí pararme e ir a recorrer los jardines. Se me pasó la tristeza y si bien no pude conocer la casa de María Antonieta, pude disfrutar de los espectaculares jardines y entender que no siempre las cosas salen como uno quiere y esta bien que esto sea así. A partir de todo Fer pasó a ser el responsable de llevar las entradas, claramente.
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9 comentarios

  1. Soy una lectora silenciosa de tu blog, y me identifique taaanto con este post!! Tuve 2 situaciones desafortunadas en París. La peor fue perder (o que me roben, aún no lo se) mi cámara y mi celu, dos días antes de volver con tooodas las fotos (mi ataque de llanto/nervios duró toda la tarde). La otra también fue en Versalles. Fuimos primero al Trianon, nos colgamos almorzando en los parques, y cuando quisimos ir a conocer el palacio principal, ya lo habían cerrado, así que no te sientas tan mal. Justamente, aprendí que las cosas no salen siempre como uno quiere y hay que saber convivir con esa posibilidad. Saludos!

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  2. Soy una lectora silenciosa de tu blog, y me identifique taaanto con este post!! Tuve 2 situaciones desafortunadas en París. La peor fue perder (o que me roben, aún no lo se) mi cámara y mi celu, dos días antes de volver con tooodas las fotos (mi ataque de llanto/nervios duró toda la tarde). La otra también fue en Versalles. Fuimos primero al Trianon, nos colgamos almorzando en los parques, y cuando quisimos ir a conocer el palacio principal, ya lo habían cerrado, así que no te sientas tan mal. Justamente, aprendí que las cosas no salen siempre como uno quiere y hay que saber convivir con esa posibilidad. Saludos!

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    1. Hola! no se tu nomnbre, pero te agradezco el comentario. Es un bajón cuando pasan ese tipo de cosas, sentirse mal es inevitable. Pero bueno, es como vos dijiste, las cosas no salen siempre como uno quiere y hay que saber convivir con eso.

      Besitos!

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  3. Me siento muy identificada con tu historia! Hace unos años pasé dos meses en Ecuador, salieron mal muchísimas cosas pero una de las peores fue descomponerme casi a principio del segundo mes y estar mal todo el resto del viaje, medio arruinó todo pero bueno. La ansiedad, los nervios, todo lo que iba saliendo mal sacó lo peor de mi... También me enseñó muchísimo sobre mi misma y sobre lo que quiero para mis próximos viajes.
    Si vemos el vaso medio lleno ayuda un poco y vos tuviste la chance de conocer ese hermoso Palacio ;)
    Besos linda!

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    1. Hola Alis! Me pasó lo mismo en Brasil jaja un all inclusive y me enfermé del estomágo al segundo día jajaja. Hay que mirar el vaso medio lleno y rescatar que por lo menos, después te quedan anécdotas graciosas para contar (aunque en el momento de gracioso no tenga nada, ja!) Besitos y gracias por tu comentario

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  4. La verdad que es lo peor la ansiedad, me siento totalmente identificada. Aunque reconozco que hacer yoga y meditar me ayudo muchisimo, cada tanto me agarran esos ataques y es horrible u.u besotes!

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    1. Hola! La ansiedad es horrible. Hace un montón que vengo pensando en empezar a hacer yoga porque todo el mundo me lo recomienda, voy a tener que activar un poquito eso. Besitos y gracias por dejar tu comentario! =)

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  5. Descubrí tu blog hoy, buscando el aceite desmaquillante de Burts Bees, y me encontré con los post de tu viaje a Paris y Londres y resulta que también hice ese viaje por primera vez en Agosto. Agregue Roma,Liverpool,York y Nottingham a mi recorrido. Muchas de las cosas que cuentas también me pasaron a mi jajajaja... El día que fui a Versalles hacia un calor horrendo!!! Aún mantengo el "bronceado fascinante" que me agarré ese día ��. Paris es MARAVILLOSA,todos los cliches son verdad! Todavía siento nostalgia... Y bueno,Londres es Londres increíble también. Caminar por los parques y recorrer los barrios ícono es un placer. Hay que volver! Besitos desde Santiago de Chile ��

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    1. Hola Josefina!! Recién veo este comentario, pero no sabes lo mucho que te agradezco. Coincido con vos, Paris es maravillosa (y yo también quedé bronceada de mi visita a Versalles) jaja Ojalá la vida nos permita volver en algun momento! Besitos!

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