14 ene. 2017

Paris #4: Tachando lugares


El último día en Paris lo destinamos a tachar lugares. Fuimos a todos los puntos turísticos que nos falta visitar y volvimos a esos que nos habían encantado. Hacía muchísimo calor pero eso no nos detuvo, no nos podíamos ir de la ciudad de la luz sin ver, por ejemplo, el tan famoso Moulin Rouge. Por recomendación de una gran amiga, no quisimos comprar la entrada al espectáculo (es bastante cara y según ella, no muy bueno). Pero claramente teníamos que verlo desde afuera.



Seguimos el recorrido y terminamos yendo a la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. No soy católica, pero tengo familiares que son devotos de esta virgen y nos pareció una buena idea conocer la capilla y llevarles algunas medallitas. Para los que les interesa, supuestamente en este lugar apareció la Virgen María en 1830 y pidió que construyeran una capilla en su honor. Años después hubo un gran incendio en ese barrio de París, y el único lugar que se salvó fue la capilla.


Siguiendo el recorrido, sufriendo el calor sofocante de ese día, terminamos yendo a Los Inválidos, el  Museo del Ejército. Somos bastante fan de la Segunda Guerra Mundial y nos encantó el museo. Hay muchísimas cosas para ver, así que hay que ir con tiempo y ganas de caminar. Imposible no sentir escalofríos al ver el uniforme nazi. También nos sacamos una selfie con la tumba de Napoleón, porque somos así de irrespetuosos.


Cuando salimos el calor ya se había disipado bastante, así que decidimos hacer un pequeño picnic en una plaza que se encuentra frente al museo. Nos mezclamos con los parisinos que llevaban a sus perros, se juntaban entre amigos a merendar y llevaban a sus hijos a andar en bicicleta. Incluso Fer le arregló la bicicleta a una pequeña niña francesa que al ver que no hablábamos su idioma, no dudo en intentar agradecernos con señas. Como era nuestro último día, decidimos volver al hotel caminado, a pesar de que eran bastantes cuadras.





Esa noche fuimos a cenar al mismo lugar que nos había llevado Martin el primer día, justo frente a la famosa Ópera de Paris. Y mientras comíamos nuestro último Croque Madam, en las escalinatas de la ópera varias parejas comenzaron a bailar tango. Nos sentimos un poquito más cerca de casa.

Cuando terminamos de cenar, nos había quedado pendiente ver una vez más la Torre Eiffel de noche. Intentamos durante más de dos horas obtener la foto perfecta, pero la cámara de fotos que tenía en esa época no era buena sacando fotos de noche, así que la mayoría de ellas salieron muy movidas. Una pena, pero bueno, son recuerdos que a uno le quedan grabados en al retina de todas formas.



Después de admirarla por largo rato, y de esquivar a los vendedores de rosas, champagne, selfie sticks y demás chucherías, nos volvimos al hotel. A las 2 de la mañana teníamos que estar despiertos y con las valijas hechas, ya que un remis nos pasaba a buscar para llevarnos aeropuerto. Un nuevo destino nos esperaba: Venecia, y junto a él, el peor vuelo de mi vida.




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