6 oct. 2017

Venecia #1: Perdidos en la ciudad



Sí, decidí remotar los post de este viaje. Si no leyeron los post de Londres y de París, pueden leerlos haciendo click acá. Salimos a la madrugada del aeropuerto de París con destino a Venecia. Un vuelo que suponía ser de una hora, se terminó convirtiendo en dos horas y media ya que el avión no podía aterrizar en Venecia por la niebla, asi que se quedó dando vueltas en el aire. Terminó aterrizando en Bolonia, y la aerolínea se encargó de contratar un micro que nos llevaría hasta Venecia. Nos atrasamos un montón y perdímos más de 4 horas.

Llegamos cansados, con sed , hambre y mucho, mucho calor. Nos subimos al vaporetto que nos llevaría hasta la estación San Marcos. Una vez ahí, al borde de un colapso por culpa del calor y el cansancio, le pagamos algunos euros a un hombre llamado Gian Marco, que nos ayudó a encontrar nuestro bed and breakfast (vale aclarar que estaba sumamente oculto) y a llevar las valijas). Nos hopedamos en un bed and breaksfast llamado Ca Dei Fuseri, que era una casona antigua (como todas en Venecia), administrado por una tana entrada en años que sólamente hablaba en italiano.


Dejamos las valijas, nos dimos una ducha rápida, y nos fuimos a caminar por las calles de Venecia, en busca de comida y agua (mucha agua). Los precios de las comidas nos parecieron bastante elevados comparados con las otras ciudades que habíamos visitado. Una vez hidratados y con un gelato en la mano para apaciguar el calor, comenzamos a recorrer Venecia.


Nuestro hotel quedaba a unas cinco cuadras de la famosa Piazza San Marcos, así que naturalmente fue al primer lugar al que fuimos. Venecia no era uno de los lugares a los que más deseaba ir, sinceramente lo incluímos en nuestro viaje porque muchos amigos nos decían "no pueden no ir a Venecia si van a ir a Italia". Pero una vez que estuve parada en el centro de la plaza, con mi gelato en mano (indispensable) y con música clásica de fondo, cortesía de una banda que estaba comenzando a tocar en una de las confiterías de la piazza, sentí que todo el trajín del viaje había valido la pena.



Intentamos ingresar a la basílica de San Marcos, pero estaba cerrada, así que nos tuvimos que conformar con verla desde afuera y sacarle algunas fotos. Comenzaba a hacerse de noche y Venecia se hacía cada vez más mágica. A pesar del cansancio, decidimos perdernos por sus callecitas, todas muy parecidas entre sí pero al mismo tiempo diferentes. Tal es así, que al momento de querer volver al hotel, nos dimos cuenta que estabamos perdidos. Tengan en cuenta que en este momento yo no tenía Google Maps, ni un celular digno, así que estabamos como en los viejos tiempos: con un mapa en la mano y con la esperanza de que algún transeunte nos ayude.

Caminamos por más de una hora intentando encontrar el hotel, los locales comenzaban a cerrar y nosotros nos empezabamos a poner nerviosos. Parecía que nadie sabía hablar ni inglés ni español, y tampoco sabían dónde quedaba la calle de nuestro hotel. Todas las calles nos parecian iguales, y dimos vueltas en círculos varias veces. En un momento me ví a mi misma durmiendo en las calles de Venecia, resignada.

Por suerte, después de mucho buscar lo volvimos a encontrar y caímos rendidos en la cama. Sólo nos quedaríamos un día más en Venecia, así que nos esperaba una jornada intensa el otro día.
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